26 de marzo de 2018

Presencia y ausencia


¿Qué es Hoy si se viste de Ayer? ¿Cómo distinguirlo si se disfraza de Mañana? No lo alcazo, siempre voy tras él.
No lo puedo atrapar, siempre se me desvanece entre los dedos.

Soy mi presencia y mi ausencia.

AjC

8 de marzo de 2018

Árboles Cautivos






ÁRBOLES CAUTIVOS

Un árbol vive con los pies en la tierra, sueña con los pies en la tierra, muere con los pies en la tierra.

Su libertad depende del viento, del sol que le conmueve la sombra, de la semilla que lo hace eterno, del corazón que lo siente, como la savia que lo inunda, latido a latido.

Es una nube que no se evapora ni viaja pero siente el cielo y sueña con el mar. Inmóvil, aferrado a sus raíces, como nosotros.
Porque somos árboles que deambulan sobre el horizonte en este universo leñoso que arde con el frío y se apaga con el fuego.

Inspirar, expirar, sin pensamientos de humo ni miedos de cristal, al ritmo de las aguas, de las ánimas de los vientos.

Si, a todos nos nace un árbol en ese espacio que existe entre el primer soplo que nos entra y el último que nos abandona, y nos crece a fuerza de hacernos tronco y resistir vientos.

Somos un árbol cautivo que vive amarrado a sí mismo, acumulando una sobre otra, capas de cielo y agua, de viento y semillas, de horizonte viajero, de esperanzas que brotan directamente del centro de la Tierra mientras trazan el mapa de la vida.

Móviles o inmóviles, somos seres en cautiverio al final del trayecto.
Pasto de tormentas, heridos en mil batallas, víctimas del látigo del tiempo.

No nos pertenecemos mutuamente, sin embargo.  No hay mano dueña de su verdad contenida, exultante y desmedida, imposible poner límites a sus promesas, inútil negar su desafiante libertad.

fotografías, textos y montaje AjC

16 de diciembre de 2016

Blanco al otro lado del río oscuro


Blanco como la niebla blanca,
gélido y silencioso,
de ancas húmedas como el vaho del río
que surgía de la nada.
Su mirada inmóvil se adueñó del aire y por unos instantes mi mano acarició sus crines en la distancia, y sus ojos de caramelo me rozaron el alma.

El agua no cesaba, humeante, como un espejo traicionero que devuelve un reflejo que ya no existe.
Sobre el colchón frío de bosque se detuvo el tiempo
para contar historias que no existen,
para imaginar el hueco que se abre entre los árboles y su sombra pasajera,
entre las aguas que se rifan la orilla.

Él cabalga sin moverse, sintiendo el ánsia vibrar por sus venas
tal vez esperando que el calor se agolpe en el costado para saltar
fuera de la cerca y romper la cuerda que lo une a la tierra.

Y vuelve a mí una y otra vez, en blanco cada noche,
la oscuridad se apacigua con su manto de nube
espesa y leve,
que me destapa y me cubre
los latidos al galope.


AjC



13 de noviembre de 2016

El grito de la iguana



La montaña habla y lanza vocablos en llamas
que queman el silencio de la mañana
el humo cálido oscila,
entre los arbustos,
encinas,
álamos cautivos de esta sierra,
soñadores del agua.

AjC

8 de noviembre de 2016

Instante instantaneo



Una esquina del tiempo
en la que el aire se detiene
ni silencio se escucha y,
ondulante, un haz de luz juega contigo.

Estás paralizado en ese instante irreal
que tiene la fuerza de absorberte
aún sabiendo que
en cuanto seas consciente de su belleza,
se evaporará.




5 de noviembre de 2016

Hoy es el mañana de ayer

Hoy es el mañana de ayer,
la continuación del punto y final,
mi yo en otra piel
bañada por las aguas de un nuevo río.


Pero dentro de mi ventana el paisaje sufre
igual,
el tiempo no lo libera
del ayer ni el mañana.

Este viento desnuda esquinas,
árboles,
corazones.
Vacía las mentes y arrolla los pensamientos, como papel.


Cada hoja que cae es la promesa de la siguiente.

AjC